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SOMOS ALCALÁ ANTE EL DÍA DE LA HISPANIDAD.

SOMOS ALCALÁ considera que el 12 de Octubre puede ser una ocasión para hacer una mirada crítica sobre nuestro pasado, así como para poner de relieve las relaciones culturales que existen entre diversos pueblos como consecuencia de la colonización de América, tratando a todos como iguales. Por eso la Agrupación Municipalista se muestra crítica con la forma en que se conmemora tal fecha en nuestro país y con el significado que las instituciones competentes intentan atribuirle.

 

El 12 de Octubre de 1492 simbolizó un antes y un después en la historia de la humanidad. La relevancia histórica de esta fecha es quizá el único aspecto en torno a la misma que no es cuestionado por nadie. En España el 12 de Octubre se conmemora bajo el nombre de Día de la Hispanidad, y anteriormente fue conocido como Día de la Raza. De esta manera, se ha convertido en nuestra suerte de día nacional, por encima de otras muchas fechas que podrían haber sido elegidas para jugar dicho papel.

 

Efectivamente, ese 12 de Octubre de 1492 la historia de la humanidad se dividía en dos pues aquel viaje supuso el establecimiento de un intercambio permanente entre dos continentes hasta entonces desconocidos entre sí.  Pero el coste humano y ético de aquel proceso que comenzó en aguas caribeñas un día de otoño como el de hoy, es una parte integral y definitoria del mismo. El intercambio iniciado no fue un intercambio entre iguales. La conquista y la explotación de aquellos territorios se realizó a costa de sangre, sufrimiento y destrucción, tal y como denunciaron numerosos comentaristas que vivieron de primera mano aquellos acontecimientos, como Bartolomé de las Casas, Francisco José de Jaca, Pedro de Córdoba… entre otros tantos hombres y mujeres que se opusieron a la injusticia a lo largo de cinco siglos. Además, sin saberlo, aquellos marineros habían sido pioneros, junto con sus homólogos portugueses, de toda una sucesión de exploraciones y conquistas llevadas a cabo por diferentes potencias que llevarían los cañones de Europa a los cinco continentes.

 

Con el Jubileo de Platino de la Reina Victoria de Inglaterra aún reciente, Joseph Conrad publicó su “Corazón de las Tinieblas” como una respuesta a la exaltación colonial, habiendo sido testigo personal de las atrocidades que se ocultaban detrás de la retórica patriótica y “modernizadora”. Rodrigo de Triana no lo sabía, pero cuando gritó ¡tierra! desde el mástil mayor de La Pinta estaba avistando también aquellas tinieblas que anidarían en el corazón de tantos desde que un pie europeo pisó las playas de la Isla de Guanahani. Algunos, entregados a sus tinieblas, se mirarían finalmente  con horror a sí mismos al pasar los años, como Alonso de Ojeda, que pidió yacer bajo el pórtico del Monasterio de San Francisco (Santo Domingo) para que así todos aquellos que entrasen al mismo pisasen su cuerpo como expiación de sus crímenes.

 

El pasado no se puede cambiar y sus consecuencias, positivas y negativas, son ineludibles. Pero la mirada que se hace sobre él, las lecciones que se extraen y los valores que se promueven desde la experiencia que nos aportan sí se pueden cambiar, y además son una elección política. Para quienes consideramos inaceptable negar la brutalidad de los procesos coloniales, y vemos en su violencia y sus formas de gobernar un antecedente de otras oscuridades del corazón de nuestra Europa, nos parece casi un insulto a España y sus pueblos que el 12 de Octubre se conmemore de la manera en que lo hace, y que sea tal día nuestro día nacional.

Se conmemora un vago concepto de Hispanidad, que pocas personas sabrían definir y aún menos personas se preocupan de definírnoslo. Un término que posiblemente obtendría diferentes definiciones dependiendo de dónde preguntemos. Un término vago para ocultar una visión sesgada de la historia y desde una perspectiva eurocéntrica que se pretende integradora pero que repite el mismo esquema ya conocido, una mirada aún colonialista y paternalista sobre el resto de nuestra comunidad histórica y lingüística. Pero es cierto, dicha comunidad existe también como consecuencia de la misma historia cuyos aspectos más sanguinarios hemos señalado. Por eso nuestro país es un importante receptor de personas procedentes de los países hispanoamericanos, que lo eligen sobre otros países europeos que ofrecen mayores oportunidades económicas debido precisamente a esos vínculos culturales e históricos.

 

Y sin embargo en su conmemoración no encontramos referencia a sus aspectos brutales, a  la sangre vertida, las culturas pulverizadas, a las injusticias cometidas o al modelo de relaciones internacionales que hemos heredado de la era colonial. Tampoco parece estar en el ánimo de quienes más se envuelven en la bandera celebrar la diversidad humana y cultural surgida de este accidentado encuentro entre pueblos y continentes, sino que más bien se diría que eso también les molesta. No sabemos pues bien qué celebramos,  queremos pensar que no es la mera exaltación de la conquista militar, queremos en fin, conmemoraciones y celebraciones a la altura de la mayoría de españolas y españoles, que no fetichizan el sometimiento de otros pueblos, sino que buscan vivir en un mundo en el que los pueblos se respeten entre sí.